Tercer desplazamiento en tres años. La historia de la familia de Mileta Sargsyan

©Distribución de agua a población de Sudán refugiada en Chad. © Déborah Villaseñor/MSF

Mane tiene trece años. Sostiene a Nane, de tres meses, mientras su madre, Mileta Sargsyan, cuenta por qué tuvieron que abandonar su hogar en Martakert/Aghdara, Nagorno Karabaj (NK), y desplazarse a Armenia. 

Mileta hace muchas pausas mientras habla de su antiguo hogar y del viaje que soportaron. Esta es la tercera vez que pierden su hogar después de la guerra, primero en 2020, luego en 2022 y finalmente en 2023.  

Mane estaba en la escuela ese día, el 19 de septiembre de 2023, cuando el cielo de Karabaj estalló y se escucharon explosiones por todas partes. Antes de que estallara la guerra, el pueblo de NK soportó 10 meses de bloqueo por parte de Azerbaiyán. Ese día, todos los alumnos de la escuela de Mane fueron enviados rápidamente a casa.  

Esta vez, Mileta sabía que nunca volverían a su hogar. 

Sin teléfono ni conexión a Internet, Mileta no tenía idea de qué hacer ni adónde ir para encontrar un lugar seguro. Así que, aterrorizada, se encerró en su casa esperando y deseando que Ashot, su esposo, regresara pronto. Unas horas más tarde, la familia de un vecino entró en la casa de Mileta instándoles a irse porque afirmaban que los soldados ya habían avanzado hacia su pueblo.  

Sin saber qué llevarse y qué dejar, Mileta recuerda que instintivamente fue por los álbumes de fotografías familiares. 

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“Sabía que tenía que tomar las fotos de mi familia, para atesorar los recuerdos, ya que ya no nos queda nada más”, dice Mileta. © Arsen Aghasyan/ MSF

 

“Sabía que tenía que tomar fotos de mi familia para atesorar los recuerdos, pues ya no nos queda nada más”, afirma Mileta. “Nos han despojado de nuestras vidas y nos hemos quedado sin nada”. 

Le faltaba comida para sus hijos, especialmente durante los últimos tres meses, cuando se estaba volviendo cada vez más difícil encontrar alimentos en Karabaj, totalmente aislada, comiendo sólo una vez al día. Durante los últimos años, Mileta recuerda lo duro que trabajó su familia para renovar su casa en Martakert/Aghdara, con el sueño familiar de convertir la planta baja en una clínica dental. De esta forma, cuando su hijo se graduara de la universidad, podría volver a su pueblo y trabajar como dentista. 

Cuando la familia de Mileta logró llegar a la capital de NK desde Martakert/Aghdara con la poca gasolina que tenían, estalló el caos.  

Nadie sabía entonces si el corredor de Lachin, que conecta Armenia con NK, estaría abierto para que pudieran huir a Armenia. En aquel momento corrían rumores de aquí y de allá de que en la base central de las fuerzas de paz rusas se llevarían a cabo evacuaciones de civiles.  

Miles de personas corrían allí a pie, incluyendo Mileta con Mane y Nane (que entonces tenía un mes de edad) en brazos. Los rumores resultaron ser falsos y la gran mayoría de las personas terminaron durmiendo en el suelo, en los coches y en otros lugares mientras esperaban su próximo movimiento.  

Mileta y sus hijos pequeños durmieron en su coche en Stepanakert/Khankendi sin saber adónde ir ni qué hacer. 

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El hijo recién nacido de Mileta y Mane, de 13 años, durmiendo en coches en Stepanakert sin saber a dónde ir y qué hacer. © MSF

 

El 24 de septiembre, Azerbaiyán abrió el corredor de Lachin para dejar salir a la población. Todos, incluyendo la familia de Mileta, se apresuraron a salir, provocando enormes atascos. 

Les llevó dos días cruzar el corredor de Lachin, y presenciaron varias muertes en el camino. Mileta recuerda a personas que morían por enfermedades crónicas, desnutrición y otros motivos. 

En la carretera, sólo llevaban un poco de agua y les dejaban beber un sorbo cada pocas horas. Cuando por fin llegaron a la región de Syunik, en Armenia, aún quedaba un poco de agua en la botella y su hija preguntó: “¿Puedo bebérmela mami?”.  A la familia le costó darse cuenta de que estaban fuera de peligro y que ahora podían conseguir toda el agua y la comida que quisieran. 

Mileta recuerda que prácticamente todas las personas desplazadas que conoció en el camino tenían problemas estomacales, debido a esos meses en que no pudieron alimentarse bien. 

Desde el desplazamiento, la familia de Mileta ha sufrido estrés e insomnio. La incertidumbre sobre el futuro mantiene a Mileta despierta por la noche. No saben si se quedarán en Armenia o no, ya que tendrán que empezar desde cero. 

Sentada ahora en un viejo sofá en su departamento en Charentsavan, Mileta se pregunta si algún día podrán regresar a su tierra natal. Su futuro es más incierto que nunca. 

“Dondequiera que esté, este no es mi hogar. Dejé el cementerio de mi padre, la iglesia donde oraba y mi casa, que mi familia y yo construimos con nuestras propias manos”, concluye. 

7 de diciembre de 2025

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